Y en este momento, tras un pésimo inicio de campeonato y con la Copa Libertadores a la vuelta de la esquina, lo que más importaba era encontrar un personaje que aglutinara al americanismo, que convenciera finalmente fuera de la cancha, a un pueblo harto y cansado y que dentro de lo que sea posible -porque no es un mago- buscara soluciones en la cancha.
Carlos Reinoso puede ser ese revulsivo que el América busca con respecto a su imagen, pero hay otra historia que se asoma y que de ninguna manera puede descartarse.
Hay quienes aseguran que lo de Reinoso no es un remedio a largo plazo, que es una decisión tomada para comenzar con una “limpia”: que incluirá nombres claves en la oficina y en la cancha, que Reinoso es como una barredora, un liquidador, vamos, una especie de George Clooney en “Up in the Air” que se dedica a despedir, a liquidar empresas, a cerrar heridas y a dejar el camino abierto para nuevas propuestas y nuevos nombres.
Puede que esa sea una posibilidad y puede que no. La realidad americanista de hoy está en la cancha, donde los resultados no llegarán con ninguna clase de magia, sólo con trabajo y dedicación. Por lo pronto, el América requería de sangre y Reinoso tenía el mismo tipo.